En esta sección iremos contando las vivencias y experiencias de las personas que participan en CIVITAS y viven en los municipios de 'Campos y Torozos'. Queremos poner en valor su visión sobre cómo afecta el COVID-19 a la atención de las necesidades de las personas mayores en el medio rural.



Esther

Castromonte

Nació en 1943 en Fermoselle (Zamora), aunque a lo largo de sus 77 años se ha movido por diferentes lugares de la geografía española, Bilbao, Villafrechós, Valladolid, La Cistérniga. incluso vivió durante 30 años en Holanda donde trabajaba en la limpieza.

Cuando se jubiló, de todos los lugares que había conocido, se decantó por Castromonte para vivir su nueva etapa de vida, pues desde su punto de vista el pueblo te ofrece la paz, la tranquilidad y el espacio que es difícil encontrar en una ciudad.

Aunque a día de hoy no necesita ningún cuidado, le parece fundamental que las personas tengan cubierta la atención de las necesidades del hogar. Pues para ella poder vivir el resto de su vida en su propia casa es primordial para poder continuar con su proyecto de vida.

Esther está segura de que con los servicios adecuados vivir en un pueblo, en tu propia casa sería una opción segura y real para todas las personas dependientes que así lo deseen, pasando la internación en una residencia a ser el recurso para aquellas situaciones personales más extremas. Pues el virus del COVID-19 nos ha dejado ver que la residencia no siempre es la mejor opción.


Ana

Tordehumos

Nació en Madrid hace 74 años. La ilusión de vivir en un pueblo hizo que se afincara en una casona de Tordehumos de la que se enamoró hace 12 años, tras vivir y formar su familia en la ciudad de Valladolid. Desde entonces vive feliz en este pueblo disfrutando de la vida tranquila que ofrece el lugar y el contacto con la naturaleza.

Para Ana la atención médica y el cuidado a través de una persona de confianza en su casa del pueblo, sería lo que más valoraría para el futuro. En base a sus necesidades, a la situación y por supuesto, respetando su independencia.

Cree que la crisis provocada por la COVID-19 cambiará muchas cosas en cuanto a la atención de cuidados. Conoce otros modelos alternativos a las residencias y que, en Europa, en Madrid e incluso en Valladolid ya están funcionando. Fórmulas que garantizan la independencia y libertad en apartamentos con servicios médicos y personal de apoyo. Ella cree que es el camino hacia donde tiene que ir la tendencia en cuanto al cuidado y la atención de las personas mayores.

Para Ana, vivir en un pueblo ha sido como encontrar "la horma de su zapato", que viniendo de la ciudad ha encontrado un sitio para vivir, donde se siente de maravilla por el contacto de la naturaleza, y la acogida y cercanía de las personas del pueblo. Ella reconoce que ha venido en el momento justo. 


Francisca

Villabrágima

Nació en 1937 en el municipio de Villabrágima y allí ha pasado su vida.

En su juventud trabajó como ayudante de sastre y sirviendo en diferentes casas. Cuando se casó su principal oficio fue ser ama de casa pero, como todas ellas, además de encargarse de las tareas de la casa, la alimentación de toda la familia y el cuidado y atención de menores y mayores, también asumía alguna de las funciones de cuidado del ganado.

Hoy en día Francisca pertenece a la Asociación de Personas Jubiladas de Villabrágima y participa en muchas de sus actividades, aunque su favorita es ir al Centro de Día a jugar la partida y pasar un rato agradable con sus vecinas y amigas.

A día de hoy dice no necesitar ninguna ayuda específica pero la gustaría poder vivir en su casa todo el tiempo que sea posible y continuar así con sus rutinas, por ello, cree que el día que tenga que hacer uso de algún servicio será el de atención del hogar, servicio de catering y, si necesitara algo más, el cuidado a domicilio, pues, aunque está abierta a todas las opciones, para ella, vivir interna en una residencia sería el último de los recursos a utilizar.

Según ella, la crisis del COVID-19 está creando incertidumbre con respecto a la atención sanitaria en los centros de salud de los pueblos, pues sus puertas siguen cerradas y las consultas pendientes sin atender. Pero a pesar de la posible pérdida de servicios, considera los pueblos un buen lugar para envejecer ya que las casas suelen ser de una planta y amplias, cuentan, la mayoría, con un patio por el que poder pasear sin salir de casa y, si no lo tienes, puedes salir a las calles del pueblo donde encontrarás a tus vecinos y vecinas de toda la vida, donde circulan menos coches, y donde todo está más cerca.


Ceferina

Villabrágima

Nació en el año 1941 en Valladolid pero, tras la muerte de su madre, su abuela materna se la llevó a vivir a Villabrágima y es allí donde ha pasado toda su vida.

Empezó a trabajar muy joven limpiando en diferentes casas y cuando se casó, además de trabajar de apoyo en la cocina de un hostal-restaurante los días que había alguna celebración, dedicó la mayor parte de su tiempo al cuidado de su familia: atención de menores, de mayores, alimentación, limpieza,... y todas esas tareas sin fin de las que se ocupa una ama de casa.

Ceferina vive con su marido, dos hijas y su hijo mayor que es dependiente y, aunque pertenece a la Asociación de Personas Jubiladas de Villabrágima, reconoce que, ahora, no participar de manera continua en las actividades que se ofrecen.

A día de hoy no necesita ninguna ayuda externa ya que cuenta con el apoyo de sus hijas para la atención de sus cuidados y, sobretodo, de los de su hijo. Si en algún momento las circunstancias cambiaran, la gustaría que las atenciones y cuidados requeridos la fueran proporcionados en su propia casa. La opción de ser internada en una residencia está ahí, pero sería el último servicio que utilizaría.

Para ella envejecer en el pueblo es una buena opción ya que, aunque se echen en falta cada vez más servicios y las alternativas de ocio sean más reducidas, en el pueblo tienes todo más a mano, conoces sus calles y sus gentes, y ellas te conocen a ti, proporcionándote una seguridad y apoyo que es más difícil encontrar en la ciudad.

Desde su punto de vista lo que la crisis del COVID-19 está provocando en la sociedad es incertidumbre con respecto a lo que pueda pasar, pero no cree que vaya a suponer un cambio en el modelo de atención a las personas mayores.


Josefa

Villabrágima

Nació en 1948 en Medina de Rioseco (Valladolid). Pasó su juventud en ese mismo pueblo donde trabajaba en la fábrica de mantequería/quesos, una de las muchas factorías que daban vida a los pueblos terracampinos hace unos años.

Después de casarse, se mudó al pueblo de al lado, Villabrágima, donde todavía vive y donde Josefa tiene una vida social muy participativa pues, ahora mismo, es la presidenta de la Asociación de Personas Jubiladas, y siempre está dispuesta a colaborar para sacar adelante todas las propuestas necesarias que faciliten y hagan más divertida la vida en el pueblo. Pues, desde su punto de vista, los pueblos son un lugar perfecto para envejecer ya que ofrecen naturaleza, calles grandes y sin abarrotamiento de gente.

Cuando Josefa piensa en el futuro se imagina viviendo en su casa hasta el fin de sus días, haciendo uso de los servicios de atención del hogar y, siempre y cuando se mantenga como imprescindible en los pueblos el centro médico y su respectivo servicio de enfermería. Aunque también sabe que, al envejecer, esto se hace a veces muy complicado, por lo que no tendría inconveniente en ir a una residencia si fuera necesario, pues, aunque debido a la crisis sanitaria del COVID-19, la gente, o incluso, las instituciones, hayan cogido miedo a la atención en residencias, ella sigue confiando en que la atención sea profesional y para ella, a veces, la residencia es la mejor opción. De lo que está segura es que la gustaría formar parte en la toma de esa decisión.



Dori

Villabrágima

Mª Adoración Rodríguez o Dori como popularmente es conocida y se hace llamar, es una mujer comprometida y muy participativa de su pueblo, Villabrágima. Ese compromiso se materializó, incluso, siendo alcaldesa entre los años 1987 y 1991, y en la actualidad continúa participando en las actividades que se promueven en el pueblo y principalmente, desde la Asociación de mujeres "La Peña" de la localidad.

Para Dori, contar con todos los servicios necesarios en su pueblo, para cuando llegue el momento de necesitar los apoyos especializados de atención y cuidados, sería lo idóneo para poder quedarse en su casa.

Ella cree que los pueblos son los lugares ideales para envejecer porque no necesariamente hay que irse a residencias de mayores, pero para ello insiste en que es necesario contar con todos los servicios que puedan facilitar el cuidado y las necesidades vitales para mejorar la calidad de vida de las personas mayores que viven en el medio rural.

Además, piensa que hay otras opciones como la de permanecer en el propio domicilio con acompañamiento, o con una atención en otro tipo de alojamientos que cuentan con servicios comunitarios sin necesidad de encerrarse en una residencia.

Respecto a lo acontecido a raíz de esta gran crisis provocada por la COVID-19, confía que las diferentes administraciones tomen nota para corregir errores, y dotar del equipamiento, tanto material como humano, para prestar un mejor servicio para el cuidado y bienestar de las personas mayores allá donde se encuentren. 


El proyecto CIVITAS forma parte de la Estrategia LEADER 'Campos y Torozos 2020', adaptada a la medida 19 "LEADER" del Programa de Desarrollo Rural de Castilla y León 2014-2020 y que gestiona el Grupo de Acción Local "Asociación Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos"